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Pavlo Almengor:
 
Pavlo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

Y ahí de repente frente al público… palpita el corazón y se detiene, las lágrimas se secan y la
sonrisa se queda congelada… y ahí de repente el miedo y la pasión juntas… todos los opuestos se
encuentran y se pierden y se mezclan y se olvidan y se caen… y ahí de repente las miradas, los
susurros, las muecas, los bostezos, las incertezas, las burlas y las risas y el no saber qué es lo
que sigue… y ahí de repente el mundo… Y uno sólo, y el mundo, y uno junto al otro, y el mundo, y
uno sólo y uno en grupo, y el mundo… Y uno y el mundo… y la luna y cada estrella y nada es ya
infinito y dónde termina el escenario comienza la duda y termina mi última certeza…

Ahí de repente en las tablas, en ese lugar que nunca olvida… En ese lugar que es santuario y
sacrilegio, en ese lugar que es infierno y paraíso… en ese lugar que es el único… Ahí es dónde
empiezo y termino y mi encuentro y me pierdo, ahí dónde inicia esta danza de mi cuerpo, es dónde
entablo en este canto de mi voz y dónde comienza esta música de mis palabras… Ahí dónde me
germino y de repente ante todo, finalizo…

¿Qué qué significa el teatro para mí? Significa vivir, vivir de nuevo… porque a veces a uno esta vida
no le calza tanto y se va muriendo… significa vivir y salir por un momento de este mundo de gente
rígida, de cuerpos rígidos, de mentes rígidas… para enfrentarme a una existencia completa de
libertad… Una existencia a la que infinitamente, le tengo miedo…

Y es que de miedos está hecho el mundo, porque sólo así pueden existir valientes que la
enfrenten… Por años esperé que algún día despertaría con valentía, aunque nunca enfrentaba a
ninguno de mis miedos… Y que puedo decir si yo era de esos que esperaban toda la vida a ver si
algún día, algo ocurría… qué sé yo, un chispazo de suerte, una sonrisa del destino, un apretón de
manos del tiempo…

Pero nunca nada y aún así uno seguía aguardando, no sé ni cómo… Y es que uno es como una
media verónica y se cansa de esperar… Pero ha sido la espera, creo, lo más importante en mi vida,
porque me enseñó que uno espera andando… A fuerza de golpes un día me levanté y me dije,
imposible, si quiero vivir tengo que renacerme… y así fue como llegué a estas puertas, las que
cuando se abren me carcomen el alma de todo mal, para dejarme puro… El único lugar dónde me
entrego completamente.

Se me han olvidado muchas cosas… como amar sin freno, como limpiarse el alma llorando e
inclusive como reír para afrontar las sombras… pero siempre tengo presente que es el teatro ese
algo de libertad que siempre anhelo, esa libertad de ser yo mismo, paradójicamente siendo otro…
Y es que el teatro me hace poco a poco irme despertando de este letargo… de esta falta de
pasión por el mundo… y creo yo (y ¿qué sé yo? creo muchas cosas tal vez) que el teatro es lo que
falta para despertar la pasión del mundo…

A veces me creo un Freud o un Malinowski e incluso a veces me sueño como un Montessori… Pero
entre tantos sueños, este es uno de los más grandes, de los que más me llena… este que se
convierte en una de mis tantas casas… en una de las más queridas… en una de las más
respetadas… Y es que también, debo reconocerlo, a veces me creo actor…

Y esta vez, creyéndomelo con todas las ganas, una vez con mi familia (o una más de ellas),
Palíndromos… Un extraño grupo de extraños seres extrañamente extraños, que a fin de cuentas
son una de las únicas realidades en un mundo repleto de incertidumbres… Este es mi hogar… y
también en el suyo… porque a fin de cuentas cualquier artista (peco de llamarme así), vive siempre
por y para sí, es cierto, por y para sí, pero junto a su público… Porque si se trata de despertar,
mejor hacerlo juntos… y es que a fin de cuentas ¡Palíndromos, es de ustedes!