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María Laura
Alvarado:

 
María

 

 

   

 

Vivir, aprender. Vivir, aprender. Vivir, aprender.

El teatro significa tantas cosas, que se me resumen en una sola palabra: Vida, una vida que lleva
risas y lágrimas; alegría y tristeza; amor y odio; bondad y egoísmo… todas las emociones que
pueda experimentar el ser humano las lleva esta forma de vida que en muy buen momento decidí
adoptar.

Antes no sabía lo que esto me podía dar y aún no sé que es lo que me irá a dar y creo que esa es
la mejor sensación que puedo tener, porque desde que inicié, ha sido así, no sabía, no me lo es-
peraba… y Palíndromos me ha dado tantas cosas y experiencias de vida (me es imposible hablar
del teatro sin mencionar repetidamente la palabra vida) que siento que no lo puedo dejar, es par-
te de mi y me gustaría sentir que yo lo soy para él. Pero… de cierta forma es así, ¿Que sería del
teatro sin gente como nosotros? ¿Sin grupos independientes que hacen esto por amor? No es un
negocio, es simplemente (y de nuevo) vivir. Vivir para dar lo mejor, para entretener, para crear
conciencia, para enojar a la gente, para hacerla sentirse triste y feliz, para que terminen identifi-
cándose con el personaje y amando al actor que posibilitó despertar ese sentimiento humano y de
esta manera despertar y volar de todas las formas posibles.

Son muy diferentes los papeles que se llegan a interpretar, algunos muy profundos y difíciles otros
tal vez más masticables. Y funciones, igualmente de variadas, en cuanto a tiempo, trabajo, perso-
najes, seguridad, etc. Eso es lo más bello: la diversidad de nuestro de nuestro trabajo y lo versátil
que se llega a ser. Es un desafío constante y nunca se deja de aprender haciendo taller, investiga-
ciones para montajes, contextualizaciones, improvisación...

Todo eso nos motiva seguir adelante y seguir abriendo caminos por todos los rincones posibles, el
mundo es grande para conocerlo, así es este mundo del artista.

Y mientras sigamos viviendo a seguir aprendiendo.